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La Bella Durmiente en Tres Libros

El Rapto de la Bella Durmiente

Luego de 100 años de dormir profundamente, la Bella Durmiente abrió sus los ojos al recibir el beso del príncipe. Se despierta completamente desnuda y sometida en cuerpo y alma a la voluntad de su libertador, el príncipe, quien la reclama de inmediato como esclava y la traslada a su reino. Asi, con el consentimiento de sus agradecidos padres y ofuscada por el deseo que le inspira el joven heredero, Bella es llevada a la corte de la reina Eleanor, la madre del príncipe, para prestar vasallaje como una más entre los cientos de princesas y príncipes desnudos que sirven de juguetes en la corte hasta el momento en que son premiados con el regreso a sus reinos de origen. Deslumbrada por los rigores de las salas de adiestramiento y de castigo, la severa prueba del sendero para caballos y también gracias a su creciente voluntad de complacer, Bella se convierte en la favorita del príncipe y, ocasionalmente, también sirve a su ama, lady Juliana. No obstante, no puede cerrar los ojos al deseo secreto y prohibido que le suscita el exquisito esclavo de la reina, el príncipe Alexi, y más tarde el esclavo desobediente, el príncipe Tristán.Tras vislumbrar por un instante al príncipe Tristán entre los proscritos del castillo, Bella, en un momento de sublevación aparentemente inexplicable, se condena al mismo castigo destinado para Tristán: la expulsión de la voluptuosa corte y la humillación de los arduos trabajos en el pueblo cercano.

El castigo de la Bella Durmiente

Luego de ser vendido al amanecer en la plataforma de subastas del pueblo, Tristán se encuentra enseguida maniatado y enganchado al carruaje de Nicolás, el cronista de la reina, su nuevo, apuesto y joven señor. Por su parte, Bella, que es destinada a trabajar en el mesón de la señora Lockley, se convierte en el juguete del principal huésped de la posada, el capitán de la guardia.
Poco después de su separación y venta, tanto Bella como Tristán se sienten seducidos por la férrea disciplina del pueblo. Los gratos horrores del lugar de escarnio público, el establecimiento de castigo, la granja y el establo, el sometimiento a los soldados que visitan la posada, todo ello enardece sus pasiones al tiempo que les infunde un gran terror, hasta hacerles olvidar por completo sus antiguas personalidades.
El severo correctivo que padece el esclavo fugitivo, el príncipe Laurent, cuyo cuerpo fue atado a una cruz de castigo para ser mostrado en público, sólo sirvió para subyugarlos más. Mientras Bella por fin encuentra en los castigos un motivo de orgullo a la altura de su espíritu, Tristán se enamora desesperadamente de su nuevo amo.
No obstante, cuando la pareja apenas se ha reencontrado y los dos se han confiado su desvergonzada felicidad, un grupo de soldados enemigos ataca el pueblo por sorpresa. Bella, Tristán y otros esclavos escogidos, entre los que se halla el príncipe Laurent, son secuestrados y trasladados por mar hasta la tierra de un nuevo señor, el sultán.
A las pocas horas del ataque, los cautivos se enteran de que no van a ser rescatados. Según lo acordado entre sus soberanos, han sido condenados a servir en el palacio del sultán hasta que llegue el momento de volver sanos y salvos junto a la reina Eleanor para someterse a nuevas penalidades. Los esclavos, a quienes retienen en jaulas doradas y rectangulares en la bodega del barco del sultán, aceptan su nuevo destino.


La liberación de la Bella Durmiente

La princesa Bella se halla en cautiverio en el sultanato, ahí las costumbres con los esclavos les son completamente diferentes, más refinadas e impersonales. Los esclavos prisioneros se han hecho amigos durante toda la travesía en barco, y ya en la mansión se echan de menos, sobre todo Tristán, Bella y Laurent, los verdaderos protagonistas de esta tercera parte de las aventuras de Bella. Los vasallos de la reina consiguen raptar a estos tres magníficos esclavos de las manos del sultán, y los devuelve al pueblo, como corceles. Bella es devuelta a su padre tras finalizar su etapa de vasallaje... tendrá que casarse.


Autora: Anne Rice
 
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