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El Diario de iara 11-4-2008


La Habitación
Me encontré en el descanso de un piso con paredes altas y de color blanco… Al final se veía una puerta no tan alta como las paredes que se perdía por su color en ellas.

Marqué el celular y dije:-“estoy aquí”

De la puerta salió una voz conocida: -“Estas segura”.
-Sí contesté, absolutamente…
-“Entonces, voltéate, dale la espalda a la puerta, suelta el bolso y no te muevas”

Me sentía extraña. No sabría como definirlo, emocionada, asustada, a la expectativa…

Solo sentí que la puerta se abría y mi corazón se aceleraba. Me dijiste quédate así quieta, no voltees, relájate, déjate llevar por lo que sientes, has lo que desees cuando te diga y sobre todo confía en mi, sabes que no te haré daño.
-“puedes hacerlo?
- “Si puedo” dije con decisión, “se que no me harás daño”

-“Está bien eso me parece perfecto, me siento orgulloso de ti” dijiste.

Colocaste sobre mis ojos una cinta ancha de no se que color porque tenia los ojos cerrados esperando sentir que ibas a hacer. Una vez amarrada la cinta y privada de toda visual del sitio en donde me encontraba, mi corazón se aceleró y me dejé llevar por tus manos que estaban en mi cintura hacia dentro del cuarto que aun no había podido ver. Se sentía el ambiente frío del aire acondicionado, pero ningún ruido que revelara nada que no fueran nuestros propios pasos.

Me quedé parada allí, con una sonrisa en la boca que decidiste atrapar en tus dedos y decirme nunca olvidé esta sonrisa, así quería volver a verte. Mi nerviosismo era evidente, a lo que me dijiste relájate hay muchas cosas por disfrutar.
Y eso justamente es lo que trate de hacer.

Mientras con tu mano me llevabas y me acostabas en la cama que se intuía era grande muy ancha, no se porque me vinieron a la mente sabanas blancas, blanquísimas y nuevas, como para conmemorar y para descubrir cosas.

Tendida en la cama, siento que me desatan las sandalias altas que llevaba y tus manos subían por las piernas, subían y bajaban jugando con la piel y los dedos de los pies. Subían y en cada subida me robabas el aliento, pocas veces llegaban hasta mi pubis, todo era expectativa y tensión…

Te acostaste a mi lado a observarme, yo estaba tranquila y descansando sobre las almohadas, relajada con las manos cruzadas en mi vientre, solamente disfrutando del momento y de la tranquilidad.

Sentí tus manos sobre mis senos, llenos e hinchados por la venida cercana de la menstruación abarcaban toda tu mano, a lo que dejaste escapar un suspiro de satisfacción.

Bajaste la tira del vestido y comenzaste a lamer y a chupar mis dos senos como chuparía un bebe sediento de leche de su madre.
Me retorcías de placer pero no me dejabas tocarte.

“Me dijiste que confiarías en mi, así que quédate allí quieta aun no tienes permiso para hacer nada”

Me dio mucha gracia y obedecí, quedándome lo más quieta posible con la respiración alterada y ya con vestigios de humedad que salía por mi sexo.

Poco después estabas ayudándome a terminar de quitar el vestido y te sorprendiste porque venía sin ropa interior. Te reíste mucho y dijiste: “Veo que has aprendido lo que me gusta”

Una vez desnuda, comenzaste a acariciarme y a observarme, te pregunté: que haces y me dijiste nada, solo observo tus reacciones, me gusta hacerlo…-Está bien contesté, entonces disfrútalo…

Así comenzaste a dirigir tus manos fuertes en mi cuello apretándolo con fuerza, a subirlas y bajarlas. Me cabalgaste y sentí que estabas desnudo… capaz que lo estuviste todo el tiempo y no lo sabia.

Estabas apoyado en mi vientre y las piernas alrededor de mi cadera… me dijiste y ahora que vas a hacer, y te dije, nada, solamente sentir y relajarme.
Bien- contestaste, eso es justo lo que debes hacer.

Así, me acomode mejor para que tu cuerpo se encontrara con el mío y sentirte en plenitud.

Comenzaste a besarme, desde la frente pasando por los ojos y la nariz, luego tu lengua comenzó a lamer los labios que aun se encontraban cerrados y venciendo la resistencia para que pudieras libar la miel que dentro de ellos se encontraba servida para ti.

Agarraste mis pechos de repente y en ese manejo abrí la boca grande y allí fue que tu lengua penetró para hacerle el amor a la mía. Besos largos y profundos que cortaban el aliento y yo que iba calentando más y más como un motor que se enciende y hay que dejarlo un rato para que empiece a andar.

Te gusta me dices- Si me gusta…
Cuánto…???
Mucho…
No pero cuánto???
Me gusta tanto que quisiera hacerlo todo el tiempo, que deseo sentirte en mi boca en mi sexo, con tus manos y las mías.
Tanto que sueño que lo haces, solo cierro los ojos y me deleito con mis propias imágenes.

De repente me abres la pierna y pones tu mano y me dices, estas caliente y húmeda, por que? Yo lo que hice fue reír y decir, tu me pones así… caliente y húmeda. Caliente como hoguera en invierno y húmeda como lluvia de primavera.

Si, asi estas, colocando una de tus manos sobre mi pecho donde esta el corazón sientes los latidos en furiosa carrera contra quien sabe que. Y yo te digo me muero por tocarte, déjame hacerlo…

Aun no, abre las piernas… y comienzas a usar tus dedos y a increparme: cuantas veces te has masturbado… cuantas???
Con la respiración entrecortada te digo ninguna vez me he masturbado…
Es decir que no te has masturbado pensando en mí??? No necesito masturbarme para hacerlo… Lo imagino

Entonces me dices: malo, deberías hacerlo…y arremetes con tu boca en mi sexo profundamente y me sacas un grito y comienzas con fuerza a lamer a chupar y a usar los dedos y las manos…
No podía sino solamente tratar de agarrarme de la cama y gemir como nunca antes lo había hecho, no gemía como lo solia hacer, ahora lo que hacia era gritar por las arremetida de tus dedos y de tu lengua.

Te gritaba y te decía así me quiero sentir, viva, solo tu sabes hacerlo haré lo que desees… Y comenzaste a llegar tu dedo al punto más grande de placer dentro de mi, Dios allí si me voy al infierno con boleto de ida y no regreso. Vamos al infierno ambos te decía y tu reías, aquí es que estamos, quémate.

Y tu frotabas y frotabas y me decías te gusta esto, te gusta???
Si, me gusta a morir, y mas me frotabas mas me arqueaba hacia ti y mas gemía y mas te acercabas al punto de no retorno… Grite y grite muchas veces hasta que un chorro de agua te hizo sentir que habíamos llegado al final…el orgasmo, un orgasmo de poesía, de pasión de éxtasis. Estabas satisfecho y contento, yo casi moría por no poder respirar y por no poder entrar en conciencia.

Te pedí dejarme descansar un momento, y quise tocarte, ya ahora si me dejaste, busque tu miembro desesperada y me arrodille ante ti pidiéndote que te pararas al borde de la cama.

Ya estabas muy excitado, pero me deleité chupando, y empujándote dentro de mi garganta, hasta el fondo, allí de esa forma podía hacerlo bien, era un paso más directo. La saliva espumosa salía a chorros de mi boca, tu miembro erecto me decía déjame reposar allí y déjame acabarlo todo adentro.

Me tomaste de la cabeza y me empujaste una y mil veces tu pene dentro de la boca, con placer colocaba los labios circulares y luego abría la boca para tus arremetidas… cada vez lo sentía más duro y más ancho, más suculento y más sensual. Más masculino, más deseoso. Pedía y pedía yo estaba desesperada por darle. Abrazaba tu cuerpo, me retorcía, jalabas mis cabellos y me decías, axial... sigue así hasta el final mi puta.

Abre más tu boca y déjame acabar allí dentro, trágate mi leche que es parte de mí… Yo no hablaba, solo dejaba la boca como querías y esperaba a que dejaras parte de ti dentro de mí.

Así pasaron unos minutos y tuviste una explosión enorme y sentí la calentura de tus entrañas dentro de mi boca. Trague una y otra vez porque era mucha la cantidad de esperma… y aun seguí con los ojos tapados por la cinta…

Cuando trate de quitármelos me tomaste de la mano y la apartaste, y dijiste: -“No aun no”.
Y lo que hice fue sonreír. Esta vez además de los ojos inmovilizaste mis manos y brazos con otra cinta y me las amarraste arriba sobre mi cabeza lo único que podía moverse eran las piernas.

Así la excitación cada momento se hacia mas fuerte, los latidos retumbaban en l habitación, solo quería quitarme todo para verte de frente y abrazarte, pero solo me dijiste, aun faltan cosas por hacer y sentir.

Tienes miedo, estas preparada, y dije: Si, lo estoy.

Comenzaste a lamerme el cuerpo de una forma fiera y como si quisieras recordarlo para siempre, dentro del inmenso placer que sentí lo que hacia era retorcerme y suspirar, hasta que una vez mas te colocaste a horcajadas sobre mi.

Te sentaste y te quedaste quieto un momento, luego sentí que me levantabas las piernas y que estabas penetrándome, primero poco a poco y después fuerte, era tanta la excitación que estaba lubricando mucho lo que hizo la labor mas exitosa en menos tiempo. Sentía como las paredes de mi vagina se dilataban para encontrarse contigo, como se expandían y se retraían para darnos placer a ambos.

Cada momento te ponías mas grande y mas excitado y yo cada momento iba perdiendo mi conciencia y gritaba en cada entrada que daba y te decía así mi amor, hazlo así,… quiero que me sientas quiero ser tuya… Entra una y otra vez con fiereza toma lo que es tuyo, arráncalo, llévatelo.

Muérdeme la boca, muérdeme el alma, arráncame a pedazos.

Entre el vaivén del colchón y nuestros cuerpos sudados me dijiste levántate un poco voy a acabar en tu boca, y yo no comprendía que decías, no escuchaba nada, solo podía sentir una sensación extraña, hasta que me tomaste de un brazo y me volviste a decir lo mismo, esta vez un poco mas en el cuarto donde estaba te dije, si hazlo.

Y así por segunda vez colocaste tu esperma dentro de mi boca, la que se colaba entre los labios y bajaba hacia mis pechos, luego la terminaste de expandir sobre mis senos y mi estómago. Y allí quedamos, yo aun a obscuras, amarrada sobre la almohada y en éxtasis y tú tranquilo acariciándome lentamente esperando que todo volviera a su cauce.

Al rato y después de tomar algo que calmara la sed, me soltaste las manos y me dijiste colócate en cuatro sobre la cama. De inmediato accedí a la orden. Con la excitación y la imaginación a millón me coloque como deseabas tú.

Y comenzaste a meter tus dedos dentro de mi ano, para dilatarlo, cada dedo era una dulce tortura, y te decía así, por favor así…
Sabia que deseabas llenarme completa, hasta el fondo, y con paciencia me decías, calma que esto lo vamos a lograr poco a poco, si duele me avisas.

Y si dolía un poco pero lo dejaba porque sabía que pronto cedería y podría llegar hasta donde nunca habíamos llegado. Te dije que lo siguiera haciendo hasta tratar de meter los 5 dedos, que ese sería el camino perfecto para luego penetrarme tú con tu miembro.

Cada entrada y salida solo me hacia contener la respiración y te dije, porque no probamos de otra forma, tal vez sea mas accesible para mi ano. Pues si yo me tumbé en la cama y tú te colocaste de frente y me penetraste uno frente al otro acostados, y así las cosas fueron mejores

Con mucha sensualidad, mucha delicadeza y luego con ardor penetrabas en mi todas las veces que querías y yo mientras tenía oleadas de placer y de contracciones en mi vagina y ano. Mi cuerpo podía con eso y más.

Y te decía sigue, hazlo, entra, no salgas, acaba allí es solo tuyo, estoy aquí para ti.

Y así, subí más mis piernas para que pudieras entrar mejor y tener más sensaciones y ya al cuarto y quinto de las últimas arremetidas acabaste dentro de mi cuerpo como te había pedido. Luego cuando ya saliste me tomaste los dedos de la mano y me los colocaste en el ano para que sintiera la amplitud que este había tomado.

Una vez allí me tomaste entre tus brazos y te acostaste en la cama, y solo allí fue que me quitaste la tira que cubría mis ojos y me los besaste una y otra vez.

Poco a poco me fui despertando y pensando que todo lo que había sucedió era un sueño, pero te vi alli, recostado, solo la sabana medio cubria tu cuerpo… y yo traviesa comencé el ritual de acariciar tus labios con un dedo, y seguir la línea de tu nariz y rodear tus ojos. Y tu… de repente atrapaste mi mano y dijiste: - te atrapé- y con una sonrisa de placer, entre dormido y despierto comenzaste a tomar las riendas del placer otra vez…
 
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